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lunes, 6 de abril de 2015

La grieta se abrió el 15-M (por José Ignacio Torreblanca)


Si algo terminó de convencer a los impulsores de Podemos de la necesidad de lanzarse a la arena política fueron las movilizaciones del15-M. Esas movilizaciones tuvieron dos características reveladoras. La primera es que no fueron convocadas ni dirigidas por ninguna de las organizaciones que teóricamente deberían haber sido capaces de hacerlo, fundamentalmente los sindicatos tradicionales, es decir la Unión General de Trabajadores o Comisiones Obreras, o la misma Izquierda Unida. Unos meses antes, en septiembre de 2010, los sindicatos habían convocado una huelga general contra la reforma laboral aprobada ese mismo mes así como contra la intención del Gobierno de reformar el sistema de pensiones, pero había sido un esfuerzo muy medido y más bien de resignación ante lo inevitable que un intento con posibilidad de éxito de detener dichas medidas.

El 15-M, que comenzó con una acampada en la Puerta del Sol por parte de algunos de los integrantes de Juventud sin Futuro, entroncaría con muchos de los movimientos que estaban operando ya en la sociedad, como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Pero fue la adhesión espontánea de miles de personas en los días y semanas posteriores, que desbordó a estos movimientos sociales, lo que llamó la atención de los medios de comunicación internacionales y llevó la Puerta del Sol a las portadas de periódicos como The New York Times (en parte por el sugerente paralelismo con los procesos de cambio político en Túnez y Egipto, que habían comenzado también de forma espontánea a comienzos de año y con la propia extensión del fenómeno a Estados Unidos con el movimiento Occupy Wall Street). Y aunque en muchos medios de comunicación, especialmente los situados en la derecha, se intentaría desvirtuar el movimiento del 15-M como una revuelta anarquizante de inspiración radical (tildando despectivamente a sus participantes como de perroflautas), los promotores de Podemos eran muy conscientes, y así lo contaron luego, de que el 15-M, pese a su éxito, contenía dos lecciones muy poderosas: una, que “no hemos sido nosotros quienes lo hemos organizado” y, dos, que sus integrantes “no son de izquierdas”.

Combinados, estos dos elementos abrieron una reflexión que tendría un impacto muy profundo sobre Podemos y sin la cual no se pueden entender ni sus premisas políticas ni sus estrategias de campaña. El 15-M con su queja principal, expresada en el “No nos representan”, y su demanda central, “Democracia real ya”, muestra varias cosas a los futuros promotores de Podemos. En primer lugar, que las demandas de la gente no son de izquierdas ni revolucionarias sino, en el fondo, relativamente conservadoras y centristas. Al igual que, según las encuestas, la PAH había logrado el apoyo del 90% de la gente a sus demandas, el 15-M también tenía la simpatía de la práctica totalidad de la ciudadanía: un 81% de la población decía que los indignados tenían razón, especialmente en cuanto a la necesidad de regenerar la democracia, una demanda que suscitaba un apoyo del 71%, mientras que sólo un 17% consideraba a los participantes en el 15-M como integrantes de un movimiento radical antisistema al que hubiera que temer. Detrás de los eslóganes del 15-M y las motivaciones subyacentes a los participantes en dichas movilizaciones era posible adivinar que el eje de la política estaba trasladándose desde la izquierda-derecha hacia un eje donde se enfrentaba la ciudadanía contra la clase política. Para Carolina Bescansa, que llevaba ya algún tiempo haciendo estudios cualitativos sobre esa cuestión para elCentro de Investigaciones Sociológicas (CIS), la calle confirmaba lo que ella veía en los estudios desde hacía tiempo: la pérdida de significado de las categorías tradicionales izquierda-derecha a la hora de predecir el comportamiento político de los electores.

En segundo lugar, el 15-M demostró que Izquierda Unida, que en teoría debería haber sido capaz de conectar con las demandas y capitalizarlas, había sido incapaz de hacerlo. El 15-M, dijo Pablo Iglesias, “no reveló la fuerza de la izquierda, sino nuestra maldita debilidad”. Conscientes de que el 15-M no era de izquierdas, sino que se había articulado de forma transversal y contra el sistema de partidos vigente, dominado por dos grandes partidos a los que se acusaba de haber perdido la conexión con la ciudadanía, los fundadores de Podemos y sus grupos afines se sumaron con todo su entusiasmo al proceso, intentando liderarlo y canalizarlo, pero nunca intentando apropiárselo. Para Iglesias y Errejón, las lecciones estaban claras: en España se había abierto la posibilidad de que, como había ocurrido en América Latina, la debilidad de un régimen político abriera la posibilidad de su derribo por parte de aquellos que supieran conectar adecuadamente con el pueblo. El 15-M, dijo Errejón, que tenía la experiencia latinoamericana muy presente pues había regresado a España desde Ecuador para leer su tesis justo el 15 de mayo, “es expresión y precipitador de la quiebra de algunos consensos”, algo que nos hizo ver “la posibilidad de una interpelación populista”.

El 15-M fraguó entre los futuros promotores de Podemos una hipótesis de cambio político que partía del agotamiento del bipartidismo, la ambición de construir una fuerza política que pudiera ganar unas elecciones generales y un método para articular dicho cambio: intentar reconfigurar la contienda política como una lucha de los muchos (la ciudadanía, el pueblo) contra los pocos (la élite, o la casta), es decir, lo que Pablo Iglesias posteriormente definiría como el deseo de “ocupar el centro del tablero político”. Esa hipótesis fue puesta a prueba en las elecciones generales de noviembre de 2011, testigo del primer intento de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón de intentar hacer valer dentro de Izquierda Unida sus argumentos sobre la posibilidad de un cambio político en España y de reconfigurar los mensajes de campaña en un sentido que permitiera a IU salir del estrecho terreno de juego disponible a la izquierda del PSOE.

Pero, para desesperación de Iglesias y Errejón, los líderes de Izquierda Unida no sólo no siguieron las directrices de campaña diseñadas por ellos sino que, en lugar de lamentarse por la rotunda victoria del PP por mayoría absoluta en las elecciones generales del 20 de noviembre de 2011 y extraer las oportunas consecuencias, se dedicaron a celebrar el haber pasado de 2 diputados en 2008 a 11 en 2011 con el argumento de que suponían, como diría Cayo Lara, “una alegría en casa del pobre”. A Pablo Iglesias, la alegría por haber pasado de 969.000 a 1.680.000 votos le parecía totalmente injustificada y prueba de lo fuera de la realidad que estaba Izquierda Unida. ¿Dónde estaba el regocijo porque coincidiendo con la peor crisis económica vivida en democracia y con un PSOE totalmente desarbolado que había pasado del 43,8 al 28,7% de los votos, IU sólo consiguiera llegar al 6,92% de los sufragios?

Para Iglesias y sus compañeros, Izquierda Unida había desaprovechado un momento histórico, una ocasión única. Como el propio Pablo Iglesias lo definió tiempo después, España estaba en lo que él denominaba como un “momento comunista”. ¿En qué consistía? “Los comunistas”, dijo Iglesias, “nunca ganarán unas elecciones en momentos de normalidad; sólo lo pueden hacer en momentos de excepcionalidad”. “Al hacer caer las bases materiales sobre las que se sostienen los conceptos dominantes, la crisis hace explotar los consensos existentes”, explicó Iglesias. Y aclaró: “Para que un golpista como Chávez gane unas elecciones tienen que haber saltado los consensos por detrás sobre los significados básicos”. Pero los líderes del Partido Comunista, señaló Iglesias, “se han convertido en régimen, gente que se conforma con la medalla de bronce” y que ni siquiera se plantea ganar unas elecciones porque, en el fondo, “todo lo que les preocupa es ser de izquierdas y auténticos, no ganar”. Y más adelante apostilló: “Como le pasaba al viejo Carrillo, los comunistas españoles se han vuelto conservadores”, para concluir afirmando que el poder no se ganaba jugando al juego existente sino cambiando el juego por otro donde se pudiera ganar.

“La sensación que nos quedó a Pablo y a mí tras colaborar con Izquierda Unida en la campaña de las generales de 2011”, confesó después Íñigo Errejón fue de “insatisfacción, de que se podía ido mucho más allá si hubiéramos podido traspasar los límites que marcaba el tipo de actor con el que estábamos trabajando. Se nos quedó clavada la espina de que se podía haber ido mucho más allá, pues había condiciones”. Y al final, “como la única forma de validar las opiniones es probarlas, nos decidimos a hacerlo”.

José Ignacio Torreblanca es Profesor de Ciencia Política en la UNED y Director de la Oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations (ECFR).

Artículo publicado en El País (6 de abril de 2015).

martes, 4 de noviembre de 2014

Predicar y dar trigo: Podemos en el Parlamento Europeo



 
Iglesias, Monedero, Rodríguez y otras compañeras y compañeros de Podemos tras conocer los resultados de las pasadas elecciones europeas.
Suele decirse que no es lo mismo predicar que dar trigo. A veces, este conocido ejemplo del refranero es lanzado como un dardo contra Podemos, pintado como un nido de idealistas, en el mejor de los casos, cuando no de «populistas» o «demagogos».


Lo malo, sin embargo, es cuando el dardo de convierte en bumerán y quienes lo disparan se encuentran con que les golpea en pleno rostro, concretamente en la boca desde la que escupen sus insidias: porque no hay nada como el ejemplo para disipar las dudas y enterrar las calumnias. Esto es lo que están haciendo nuestras compañeras y compañeros en el Parlamento Europeo, siguiendo el mandato del más del millón doscientos mil votos cosechado en las urnas el pasado mes de mayo: trabajar, o siguiendo el dicho, dar trigo. 

Así lo reconoce un diario tan poco entusiasta –cuando no directamente crítico- como El País a la hora de valorar el trabajo que nuestros parlamentarios están desarrollando:


«Conscientes de que sus actos se examinan al detalle —como ellos mismos reconocieron cuando anunciaron que donarían el 75% de su salario, unos 8.000 euros—, su hoja de servicios es intachable en participación. Iglesias y González han asistido al 100% de las votaciones, algo de lo que solo pueden presumir cuatro de los 54 parlamentarios españoles.»

Y es que, pobrecillos -esto ya no lo dice El País- a muchos se les va a ir acabando el chollo.

Porque sí se puede.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Cuando el agua ha empezado a hervir, apagar el fuego ya no sirve de nada




 El profesor Antonio Gutiérrez-Rubí analiza en esta interesante entrada de su blog Micropolítica las claves que justifican «esta radical alteración del tablero político» que muestran las encuestas y que sitúan ya a Podemos como primera fuerza política en intención directa de voto en nuestro país. Seis son los ejes de su interesante reflexión, a través de los cuales este analista desnuda la «soberbia» manifestada hasta la fecha por los partidos de la casta a la hora de intentar explicar la irrupción de Podemos. Concretamente se refiere a la ignorancia, la lentitud, la torpeza, la ambición, el desconocimiento de la tecnopolítica y, no menos importante, el haber menospreciado la ilusionada voluntad de cambio que se esconde bajo las tres palabras mágicas ‘Sí se puede’.
 

¿Por qué Podemos puede?


«Cuando el agua ha empezado a hervir, apagar el fuego ya no sirve de nada». Esta frase, atribuida a Nelson Mandela, explica muy bien la incapacidad del liderazgo político y mediático del bipartidismo para comprender el ascenso político de Podemos. Cuando sólo se comprende la temperatura del agua por su hervor (es decir, por la evidencia visible de las burbujas)… entonces no se entiende por qué y cómo se calienta el agua hasta su ebullición. La primera encuesta publicada (a la espera de la del CIS, de la que ya se insinúan resultados muy parecidos) está generando una conmoción significativa. En parte, porque la comodidad política es insolentemente soberbia. Y este bofetón demoscópico está despertando a más de uno de la larga siesta mental, con la que han digerido los movimientos tectónicos que se han producido en la sociedad española.

Pero de nuevo, parte de los análisis querrán ver, en este histórico resultado, explicaciones coyunturales atribuibles a este fatídico mes de octubre (en especial para Rajoy, su gobierno y el PP). Pero sin ignorar los hechos con el insoportable coste de la corrupción que han hundido la confianza en la gestión y en la reputación de las principales fuerzas políticas, para comprender este sorpasso habrá que buscar en razones más profundas y poderosas parte de las explicaciones de esta radical alteración del tablero político. Estas son, quizá, algunas de las razones de fondo a las que me acerco con prudencia que explicarían por qué Podemos ha llegado tan lejos. De momento.

1. Ignorancia. Desde que emergió el 15M, las fuerzas políticas mayoritarias han mostrado una severa incapacidad para comprender lo que ha sucedido en nuestra sociedad en los últimos años. Con sus obsoletos sensores tradicionales, no han registrado la frecuencia de los nuevos tiempos. Despreciaron lo que ignoraron. Y a causa de esta autosuficiencia política, con los termómetros averiados, no entendieron el incremento de la temperatura social. Las crisis económicas, políticas e institucionales añadían, con cada duro recorte, con cada caso de corrupción lacerante, o con cada descrédito regio, más gas a la llama de la indignación.

2. Lentitud. «Cuando las horas decisivas han pasado, es inútil correr para alcanzarlas», escribió Sófocles. Y esta lentitud para pensar, reflexionar y hacer los cambios y las reformas a tiempo y a fondo que la sociedad demandaba, y la situación requería, ha hundido la credibilidad de los grandes protagonistas de la vida política española. Todo se dejaba para más adelante. Y esta exasperante lentitud se ha convertido en pereza y parálisis. Las reformas llegan tarde. Y la ruptura (política o territorial) avanza como opción frente a un claudicante e insuficiente reformismo realmente transformador. El tsunami ha llegado a la playa, finalmente, mientras los que estaban en la orilla veían perplejos, incrédulos y paralizados la llegada de la ola devastadora. Lentos por arrogantes. Con grasa en las neuronas y en los músculos.

3. Torpeza. Desde la irrupción electoral de Podemos, el pasado mes de mayo, se ha atacado creo a esta formación con una pobreza de argumentos extraordinaria. La previsibilidad de los principales oponentes a los líderes de Podemos en las tertulias mediáticas ha contribuido a su éxito más que nada y que nadie. En cada programa de televisión, han mostrado una grave incapacidad para contrarrestar los estilos, los argumentos y la estrategia de los portavoces de Podemos. Con su falta de preparación y con su actitud han alimentado el fenómeno. Tanta torpeza sólo es posible cuando la prepotencia obtura el pensamiento. Los portavoces mediáticos del bipartidismo han sido incapaces de tener una estrategia mínimamente eficaz frente a la estudiada y calculada audacia de Podemos. Al contrario, han alimentado a Podemos.

4. Ambición. Podemos ha gestionado las expectativas con inteligencia. Veremos si son capaces de mantener la serenidad. Cuando Pablo Iglesias afirmó que se presentaban para ganar… fue recibido con la displicencia de los que creen que tienen una posición inexpugnable, asegurada y consistente. Gran error. Otra vez, la soberbia política era incapaz de comprender que lo que se estaba fraguando reclamaba una urgente dosis de humildad y una acelerada rectificación de comportamientos y prácticas, si se quería tener una posición suficientemente creíble frente a la ruptura audaz que propone Podemos. Nada. Frente a la ambición se respondió con clichés y estereotipos mal diseñados, débiles e inconsistentes. Si alguien hubiera leído, por ejemplo, la tesis doctoral de Íñigo Errejón quizá habría prestado la atención que se merece este proyecto político. Pero nada. Era más fácil, por ejemplo, el latiguillo acusador del «populismo», antes que querer comprender cuanta ciencia y técnica hay detrás de todo lo que han hecho. Nadie ha querido aprender.

5. Redes. Podemos conoce la capacidad de la tecnopolítica. Mientras algunos se han dedicado a buscar grietas en el modelo de votación de la Asamblea Ciudadana de hace unos días, con el único objetivo de desacreditar el proceso, la mayoría no ha comprendido cómo las nuevas redes son capaces ya de construir proyectos. De militantes a activistas. De sedes a redes. De agrupaciones a círculos. De ejecutivas a nodos. Estamos frente a una tecnología de proximidad, multipantalla y multiformato, capaz de cambiar los modelos de comunicación, organización y creación de contenidos. Lo saben las empresas pero todavía no algunos grandes partidos. Y todavía hay arrogantes que desprecian la política digital desde una superioridad de plastilina. Es cierto, un tuit no es un voto, pero no hay que ser demasiado espabilado para comprender que sí puede cambiarlo.

6. Ánimo. La interpretación de que los indignados (15M) se trasformaron en cabreados (mareas) y ahora es el momento de los iracundos (Podemos) es la fácil tentación para explicar lo que sucede. Otra vez la pereza. Pero todo es mucho más complejo. Podemos está materializando su nombre. Haciendo corpórea, políticamente, su identidad afirmativa. Sí, se puede. Sí hay alternativa. Y sí, se puede ganar. Gestionan los intangibles porque los conocen y los estudian. Mientras se les reclama soluciones y propuestas, Podemos se centra en las emociones y en los retos. Y han comprendido, mejor que nadie, que las ganas de abofetear electoralmente a los responsables políticos de esta situación era la demanda más clara y urgente de una parte creciente y transversal de la sociedad española. Otra vez, nada más y nada menos, que una nueva y diferente versión del voto útil. Para nada resignada o especulativa. Sino combativa y radical. Podemos, puede competir. Quién quiera combatirlos... mejor será que los estudie un poquitín. 

[ blogs.elpais, 2 de noviembre de 2014]

domingo, 2 de noviembre de 2014

PODEMOS, primera fuerza política según el sondeo de Metroscopia para El País

Según el sondeo de Metroscopia para El País, publicado este domingo 2 de noviembre, si se celebraran ahora elecciones generales, Podemos se pondría en cabeza con un 27% de los votos, a 1,5 puntos del PSOE y a 7 puntos del PP, cuya intención de voto se desploma a un 20%.
¿Se puede o no se puede?


MEDIDAS URGENTES ANTI-CORRUPCIÓN


Este domingo 2 de noviembre y el lunes día 3, celebramos dos nuevas ruedas de masas (plaza.podemos.info) en las que debatiremos sobre dos de los temas que más preocupan a la ciudadanía. La primera, a las 17:00 horas, versará sobre Educación, como sabéis una de las cuestiones capitales para PODEMOS, como así se comprobó con la votación de las resoluciones dentro de la Asamblea Ciudadana Sí se Puede. La otra, sobre Medidas urgentes anti-corrupción, se celebrará el lunes 3 a la misma hora con la participación de Carlos Jiménez Villarejo. Precisamente el exfiscal firmaba este sábado junto a Pablo Iglesias un interesante artículo en El País sobre la necesidad de tomar medidas a nivel internacional para descubrir la riqueza oculta al fisco. Por su enorme interés, lo reproducimos íntegramente a continuación:


Podemos contra los paraísos fiscales


La declaración de Jordi Pujol reconociendo que posee un patrimonio no declarado fiscalmente oculto en cuentas bancarias abiertas en un territorio que ha tenido la consideración de paraíso fiscal, como es Andorra, obliga a plantearse por qué se ha perpetuado en el tiempo una situación de tal gravedad y tan lesiva para la ciudadanía.

La impunidad del fraude fiscal y de la corrupción puede conseguirse en gran medida si existen países o territorios donde se puede ocultar la riqueza ilícitamente obtenida. Los jefes de Estado de los países que han constituido los llamados G-7, G-8 y G-20 vienen apoyando desde 1996 el trabajo de la OCDE contra los paraísos fiscales y la competencia fiscal perjudicial. 

Al comienzo de la crisis en 2008 fue especialmente significativa la declaración de Gordon Brown al concluir la reunión del G-8 celebrada en Londres en abril de 2009: “La era del secreto bancario ha terminado…”. La realidad posterior lo desmintió.

El G-20, en San Petersburgo en septiembre de 2013, asumió la propuesta de la OCDE para que fuera el intercambio automático de información financiera el nuevo baremo para evaluar la conducta de las jurisdicciones en materia de cooperación y transparencia fiscal internacional. Y en su próxima reunión, a celebrar en Brisbane en noviembre, decidirá los pasos para su efectiva implantación a partir de 2017, lo que va a constituir un gran avance en la desaparición del secreto bancario en el ámbito tributario.

Pero no podemos esperar a 2017 para empezar a saber quién tiene cuentas, entre otros territorios, en Suiza, Luxemburgo, Andorra o Singapur. La comunidad internacional no puede esperar tanto tiempo para someter a gravamen los 21 billones de dólares que como mínimo se hallan escondidos en los territorios donde persiste el secreto bancario en el ámbito fiscal.

La comunidad internacional no puede resignarse a dejar de recaudar cada año 189.000 millones de dólares, que es el doble de lo que dedica cada año a la ayuda al desarrollo. 

España no se puede permitir perder 60.000 millones de euros por el hecho de que hasta 2017 no pueda empezar a saber quiénes son los dueños de las fortunas escondidas en paraísos fiscales. Es preciso poner en marcha ya medidas que garanticen que jurisdicciones claves como la de Suiza no incumplen sus compromisos, y que permitan comprobar que, efectivamente, se avanza para terminar con el secreto bancario en 2017.

En diciembre de 2010, 12,06 billones de dólares de riqueza situada en territorios offshore se halla en manos de los 50 principales bancos mundiales especializados en banca privada y especialmente en los 20 más importantes, entre los que destacan: UBS, Credit Suisse, Citigroup, Deutsche Bank, Bank of America, Merrill Lynch, JPMorgan Chase, BNP Paribas, HSBC, Pictet & Cie, Goldman Sachs, ABN AMRO, Barclays, Credit Agricole, Julius Baer, Société Générale y Lombard Odier & Cie.

Los ciudadanos han de tener presente que el grueso de la riqueza escondida en territorios offshore no se halla en manos de oscuros bancos innominados situados en islas paradisíacas, sino en las principales entidades financieras del mundo especializadas en banca privada, así como de los principales despachos de asesoría legal y contable, situados no en ignotos y lejanos territorios, sino en las mayores capitales del primer mundo como Nueva York, Londres, Ginebra, Fráncfort y Singapur. Los procesos penales incoados en EE UU, Francia y Alemania contra los bancos UBS y Credit Suisse aportan evidencias de que dichas entidades han comercializado cuentas bancarias en esos países con el atractivo del secreto bancario. Entre otras, las principales medidas que estimamos urgentes son las siguientes: 

Primera. El G-20 ha de emplazar a todos los Estados para que requieran la identidad de los clientes con cuentas en las matrices, filiales o sucursales en el extranjero de los bancos que operan en su territorio.

Segunda. El G-20 ha de emplazar a Suiza para que atienda los requerimientos de las Administraciones tributarias respecto a la UBS y el Credit Suisse.

Tercera. Los altos cargos de las Administraciones central y autonómicas y diputados de las correspondientes asambleas legislativas prestarán consentimiento escrito para que la AEAT confirme con terceras jurisdicciones que no tienen cuentas sin declarar en el extranjero. 

Cuarta. El Gobierno ha de llamar a consultas a los embajadores de Suiza y Andorra para que justifiquen por qué no han informado sus Gobiernos de las cuentas de Bárcenas y de Pujol contraviniendo de forma flagrante la recomendación número 12 del GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional, de la OCDE), como personas de evidente relevancia política. Resulta escandaloso a primera vista que los bancos donde han estado abiertas las cuentas de Bárcenas y de Pujol no informaran a las unidades de Inteligencia Financiera de Suiza y de Andorra de la existencia de tales cuentas.

En el caso de que las explicaciones ofrecidas no fueran satisfactorias, España ha de denunciar a estos países al GAFI para que sean incluidos en la lista de países no cooperativos y puedan arbitrarse las contramedidas que sean pertinentes. No puede tolerarse más la permisividad de los Gobiernos con el fraude fiscal internacional en directo y gravísimo perjuicio de los ciudadanos, agrandando la brecha de la desigualdad económica y social.

[El País, 1 de noviembre de 2014]